lunes, noviembre 29, 2004

Las puertas del Infierno

Cerró la puerta y se encontró solo... como todos los días desde que ocurrió.

Se sienta aferrando su cabeza entre las manos, apretándola hasta sentir un dolor punzante que le atreviesa el cuerpo.

Golpea el sillón con sus talones, el suelo con sus puños, el techo con sus gritos y el mundo con su odio.

Da igual que alguien trate de justificarle, da igual que las personas le den esperanzas, da igual que le prometan una vida en la que ese dolor ya se disipe, da igual... porque él ya no cree en nadie.


Por mí se va a la ciudad del llanto;
por mí se va al eterno dolor;
por mí se va hacia la raza condenada:
la justicia animó a mi sublime arquitecto;
me hizo la divina potestad, la suprema sabiduría y el amor primero.
Antes que yo no hubo nada creado,
a excepción de lo eterno, y yo duro eternamente.
¡Oh vosotros los que entráis, abandonad toda esperanza!


La Divina Comedia, Canto tercero.
Dante Alighieri

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