Todo acaba.
Y hoy no estoy triste por cerrar esta habitación oscura de mi casa. Oscura porque siempre estuvo a media luz, la única luz que siempre necesite para escribir.
La vida cambia y evoluciona. Nos evoluciona, sin llegar a cambiarnos lo suficiente para ser mejores. Hoy soy feliz. Me sumerjo en nidos de sonrisas y la paz me inunda como siempre necesite. Soy demasiado visceral para vivirme sin escribir, así que lo seguiré haciendo pero ya no aquí.
Gaddira no muere porque sigo siendo yo, y la gente que conocí en esta semioscuridad seguirá ahí en algún lugar prendida en mi solapa. No es una despedida porque quien quiera estar siempre estará. O tal vez sí lo sea, un hasta siempre a aquellas personas que sólo sintieron curiosidad o morbo por una Gaddira a media luz.
Seguiré escribiendo pero sin necesidad de adulación expectante ni interesada, seguiré escribiendo con las palabras que se me agolpan en los dedos y en los labios.
Tal vez algún día todos nosotros, sombras al fin y al cabo de nosotros mismos, nos encontremos en un zaguán sin más luz que la de la noche oscura, quien sabe...
Hasta siempre



Quizás escribiendo a la vez, sintiendo a la vez la misma necesidad de decir adiós a lo que dejamos atrás o a un lado. Hoy volví a escribir en mi casa, esa que tú diseñaste para mí, que tú visitabas y me arrastrabas detrás de tí hasta esta semioscuridad donde tan felices momentos vivimos y sufrimos, por qué no; sí, también los sufrimos.
Yo me quedo contigo, donde te vayas, donde te quedes, donde me dejes, que sé que me dejas y me abrazas donde estés. Mi casa sigue abierta; aun la necesito, para acurrucarme y sentir lo que no puedo dejar de sentir porque me llena toda. Un rincón donde hablar con quien siempre me escucha, porque está dentro de mí, siempre.
Te he querido, te quiero y te sigo queriendo sin fin.
Muchos besos:
de verso a verso compartido