Incoherencia. Las palabras largas, técnicas, extrañas, retumbando en medio de la nada. Los oídos sordos, huecos, vacíos. Las risas lejanas, la paz en la bolsa de la basura donde van las cosas que no se llegan a decir a tiempo.
La cal que nos sella los párpados, mientras el miedo nos destrona y nos deja pérdidos en cualquier rincón.
Y las manos que se estremecen porque no saben hacer nada, porque no saben arreglar nada, porque no saben sanar.
sábado, mayo 14, 2011
lunes, abril 25, 2011
Huída
Los pies se anudan, luego las manos y el alma vaga por las calles como si no tuviera ningún rincón en el que cobijarse.
La sal, las palabras... las miradas extrañas, que torpes se estremecen entre las arrugas de los días que ya no regresarán. Ni vencejos, ni golondrinas que nos esperen en la calidez de las marismas. Ni sueños ni mentiras en las que creernos al crecer. Y la suerte pródiga como los vientos de mi tierra, que vuelven a golpearnos rítmicamente la sien.
Y los años que como un manto de polvo nos sepultan en esquinas independientes, que nos voltean el rostro buscando ausencia. Los dientes apretados, mascullando canciones tristes, ronroneando entre la soledad del amanecer. Y los pies vagabundos que se anudan entre los callejones vencidos, buscando el alma que se le escapó.
La sal, las palabras... las miradas extrañas, que torpes se estremecen entre las arrugas de los días que ya no regresarán. Ni vencejos, ni golondrinas que nos esperen en la calidez de las marismas. Ni sueños ni mentiras en las que creernos al crecer. Y la suerte pródiga como los vientos de mi tierra, que vuelven a golpearnos rítmicamente la sien.
Y los años que como un manto de polvo nos sepultan en esquinas independientes, que nos voltean el rostro buscando ausencia. Los dientes apretados, mascullando canciones tristes, ronroneando entre la soledad del amanecer. Y los pies vagabundos que se anudan entre los callejones vencidos, buscando el alma que se le escapó.
domingo, abril 24, 2011
Lluvia
Llueve... la ventana se empaña y no deja de llover. Los pies se arrastran descalzos por la madera. Las sienes golpeadas por este zumbido amargo de la soledad.
Llueve. Y la mirada buscando la cal y la arena que los minutos me dan. Los ojos marchitos, buscando, burlando las palabras cálidas como mis labios rotos.
Y la tibieza abúlica en la que se mojan mis manos, la añoranza absurda de las risas a destiempo, la alegría sonámbula sin cárceles ni ataduras.
Y hoy no me arrojo al mar de la soledad. Ni me araño la vida por dentro...
Llueve y me da igual.
Llueve. Y la mirada buscando la cal y la arena que los minutos me dan. Los ojos marchitos, buscando, burlando las palabras cálidas como mis labios rotos.
Y la tibieza abúlica en la que se mojan mis manos, la añoranza absurda de las risas a destiempo, la alegría sonámbula sin cárceles ni ataduras.
Y hoy no me arrojo al mar de la soledad. Ni me araño la vida por dentro...
Llueve y me da igual.
miércoles, marzo 23, 2011
Escalera
Escalones.
Peldaño tras peldaño.
Abulia. Dame agua, o sal, o aráñame los párpados con imágenes castrantes.
Besa mis lágrimas, bebételas, o simplemente písalas sobre la hierba ahora menos seca.
Quítame la paz, la memoria triste y marchita, las fotos amarillentas, las canciones, las mareas que me mojaron los pies, la vida...
Tómame del brazo y camina, caminándonos, o perdiéndonos en las palabras tristes que murieron y resucitan hoy un poco más viejas.
Escala por mi pecho, por los lunares de mi espalda, por las piernas tibias y anudadas.
O simplemente date la vuelta y déjame seguir subiendo.
Peldaño tras peldaño.
Abulia. Dame agua, o sal, o aráñame los párpados con imágenes castrantes.
Besa mis lágrimas, bebételas, o simplemente písalas sobre la hierba ahora menos seca.
Quítame la paz, la memoria triste y marchita, las fotos amarillentas, las canciones, las mareas que me mojaron los pies, la vida...
Tómame del brazo y camina, caminándonos, o perdiéndonos en las palabras tristes que murieron y resucitan hoy un poco más viejas.
Escala por mi pecho, por los lunares de mi espalda, por las piernas tibias y anudadas.
O simplemente date la vuelta y déjame seguir subiendo.
sábado, enero 08, 2011
Café
Un sorbo y las manos confusas, buscando anudadas bajo la piel. Y los pasos cansados por el pasillo, las palabras taladrando los cristales de las ventanas desde las que miro y no veo.
Otro sorbo y las canciones sonando tibias, lejanas, acostumbradas a morir en mis oidos como el ronroneo de los labios al besar.
Pies de barro y pasos de metal.
Otro sorbo, y otro y otro más. Hasta el final, hasta la muerte errante, hasta la podrida ausencia de dolor y de felicidad.
Arrastrándome. Aplastándome. Asfixiándome. Torturándome.
.
.
.
.
.
.
Y en el poso del café tu sonrisa que me devuelve la vida de nuevo.
Otro sorbo y las canciones sonando tibias, lejanas, acostumbradas a morir en mis oidos como el ronroneo de los labios al besar.
Pies de barro y pasos de metal.
Otro sorbo, y otro y otro más. Hasta el final, hasta la muerte errante, hasta la podrida ausencia de dolor y de felicidad.
Arrastrándome. Aplastándome. Asfixiándome. Torturándome.
.
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.
.
Y en el poso del café tu sonrisa que me devuelve la vida de nuevo.
martes, diciembre 07, 2010
Algunas veces
"Algunas veces vivo y otras veces
la vida se me va con lo que escribo"
Que se llama soledad
J. Sabina
Algunas veces la voz se rompe y el alma se vuelca detrás de los trozos rotos de mi voz. Y el tiempo que me anuda la lengua a las manos, también se rompe. Deteniéndose, en esquirlas inconexas que me arañan los párpados hasta que la vida se apaga. Otro día. Otra semana. Otro mes.
Y a veces me destrozo la memoria de tanto apretarla contra el pecho, de tanto besar las imágenes que en tonos sepia se alejan, de tanto clavarle las uñas a las voces que hoy no soy capaz de retener.
Y la vida que tanto me dio, y me da... a veces no consigue hacerme sonreir. Me pudro por dentro, sin ganas de mirarme al espejo, sin ganas de buscarme, ni de anidarme, ni de huir.
Hoy sólo se velarme en silencio.
viernes, septiembre 24, 2010
Camino de regreso
Volví, tiñéndome las manos de ausencia de nuevo. Acurrucando los recuerdos contra el pecho mientras repito en voz baja los nombres de las personas que se me caen de los bolsillos. Y ya no me quedan lágrimas que destinar a la distancia, las he ido almacenando en botellas de vidrio azul, para poder bañarme en ellas alguna noche de otoño. Y me siento vieja, cansada, hastiada, desvencijada como uno de los cajones de aquella cómoda, en los que mi abuela guardaba sábanas de hilo bordadas que nunca llegó a utilizar. Volví, y cada paso, cada curva en la carretera se vuelve tibio, me vuelve tibia.
Y sigo repitiendo palabras recortadas de alguna fotografía en blanco y negro.
Y sigo repitiendo palabras recortadas de alguna fotografía en blanco y negro.
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