Podría odiarte. Lo necesito. Arrancarte las ganas de sonreír, como has hecho tu conmigo. Verter mi hiel en tu pecho. Arañarte con la angustia hiriente que has depositado en mis bolsillos.
Podría castigarte. Lo necesito. Clavarte mis dientes en la espalda, azotarte con palabras que te acaben enterrando junto a lo que alguna vez sentimos.
Y sin embargo, los dos sabemos que Itaca siempre vivirá para ti.
domingo, noviembre 01, 2015
domingo, junio 14, 2015
Dulce espera
Te busqué durante mucho tiempo. Paseé mis ojos por las ventanas ajenas, mirando lo que me faltaba y faltando a lo que tenía. Pensé amarte en la cercanía de la distancia. Besé tus manos sin poder tocarte. Pronto vendrás a mi...
viernes, octubre 03, 2014
Hielo
Derritiéndome.
Tal vez, tus labios entreabiertos, besándome los hombros. Tal vez mi boca recitando un poema inconcluso por la mala costumbre de respirar. Tal vez mis dedos acariciándote el alma y tu alma dibujando espirales en el mar de mi vientre.
Y esas palabras que sólo tu y yo entendemos, caminándonos la vida...
Tal vez, tus labios entreabiertos, besándome los hombros. Tal vez mi boca recitando un poema inconcluso por la mala costumbre de respirar. Tal vez mis dedos acariciándote el alma y tu alma dibujando espirales en el mar de mi vientre.
Y esas palabras que sólo tu y yo entendemos, caminándonos la vida...
sábado, septiembre 13, 2014
Miedo
Ya no quedan alas en mi pecho. Y la paz no existe, se fugó en algún momento en el que mis manos no supieron coserla a mi vientre. El miedo atenaza mis pasos, sumiéndome en una niebla espesa que no me deja verte.
Ven a mi, te necesito.
Ven a mi, te necesito.
miércoles, diciembre 11, 2013
Nudos
Manos atadas. Brazos anudados, piel despojada. Calma rota.
Me duelen los ojos de llorar con motivo, de mirar atrás, de rogar por algo que sé de antemano que no va a suceder.
Y la vida, convertida en un mosaico grotesco. Miles de teselas mugrientas, que se clavan en los párpados rotos de impotencia y desesperanza.
Respirar es tan difícil así...
Me duelen los ojos de llorar con motivo, de mirar atrás, de rogar por algo que sé de antemano que no va a suceder.
Y la vida, convertida en un mosaico grotesco. Miles de teselas mugrientas, que se clavan en los párpados rotos de impotencia y desesperanza.
Respirar es tan difícil así...
jueves, marzo 14, 2013
No todos los cuentos son iguales
Se marchó.
Tomó un vuelo camino a su nueva vida y marchó. Caminó deprisa, besando cada paso, devorándolo, casi de una forma lujuriosa. Se marchó en busca de aquello que había perdido. Buscó sobre cada banco del parque, la piel que no latía junto a su cuerpo. Buscó en cada orilla los besos que ya no sabían a nada. Buscó en cada abrazo, algo que le recordará su existencia.
Tomó lo que le dieron y dió lo que tenía. No miró las fotos de la pared, ni buscó más mentiras en la alfombra que piel con piel y labios encontrados. No escuchó canciones de amor, ni rezó por el día siguiente, ni brindó por el futuro. Vivió atropelladamente y fue feliz.
Tomó un vuelo camino a su nueva vida y marchó. Caminó deprisa, besando cada paso, devorándolo, casi de una forma lujuriosa. Se marchó en busca de aquello que había perdido. Buscó sobre cada banco del parque, la piel que no latía junto a su cuerpo. Buscó en cada orilla los besos que ya no sabían a nada. Buscó en cada abrazo, algo que le recordará su existencia.
Tomó lo que le dieron y dió lo que tenía. No miró las fotos de la pared, ni buscó más mentiras en la alfombra que piel con piel y labios encontrados. No escuchó canciones de amor, ni rezó por el día siguiente, ni brindó por el futuro. Vivió atropelladamente y fue feliz.
domingo, marzo 03, 2013
Estación
Sigo aquí. Escondida detrás de una columna de la estación.
Refugiándome entre el sonido de las personas que se despiden para siempre, aunque no sepan decir adios. Recordando mis propias despedidas, las que me tatuaron la piel, y me dejaron vacía por un instante.
Aquí. Ahogada en mis ansias de vivir. De tomar las calles y vivirlas libre. Eterna. Apoyando la frente en los cristales, desnudándome bajo la lluvia de mentiras que me acarician la espalda.
No sé si alguna vez me fui.
Refugiándome entre el sonido de las personas que se despiden para siempre, aunque no sepan decir adios. Recordando mis propias despedidas, las que me tatuaron la piel, y me dejaron vacía por un instante.
Aquí. Ahogada en mis ansias de vivir. De tomar las calles y vivirlas libre. Eterna. Apoyando la frente en los cristales, desnudándome bajo la lluvia de mentiras que me acarician la espalda.
No sé si alguna vez me fui.
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