jueves, agosto 05, 2004

Alfonsina Storni

Hasta hace pocos meses para mí, Alfonsina sólo era parte de una bella canción... con el tiempo descubrí su poesia y entre sus poemas este titulado La caricia perdida.


Se me va de los dedos la caricia sin causa,
se me va de los dedos... En el viento, al rodar,
la caricia que vaga sin destino ni objeto,
la caricia perdida, ¿quién la recogerá?

Pude amar esta noche con piedad infinita,
pude amar al primero que acertara a llegar.
Nadie llega. Están solos los floridos senderos.
La caricia perdida, rodará... rodará...

Si en el viento te llaman esta noche, viajero,
si estremece las ramas un dulce suspirar,
si te oprime los dedos una mano pequeña
que te toma y te deja, que te logra y se va.

Si no ves esa mano, ni la boca que besa,
si es el aire quien teje la ilusión de llamar,
oh, viajero, que tienes como el cielo los ojos,
en el viento fundida, ¿me reconocerás?
(Languidez)



De orden, control y problemas

A veces intentas controlar las situaciones, y en cambio solo acabas sumida en el fondo de las mismas, sin distinguir con claridad si te apetece trepar por las paredes y volver a mirar la situación desde arriba o dejarte llevar por lo que sientes en ese preciso momento.

Es dificil... muy complicado mantener siempre el orden que tenías preestablecido.

martes, agosto 03, 2004

Retales vacacionales

Suelo cumplir mis promesas.

Prometí volver, y aquí estoy... ahora también cumplo la de traer algunas fotos que no quería perder entre los recuerdos y la ropa arrugada.

Estas fotos las hice desde el Castillo de Santa Catalina, acompañada de tres buenos amigos:

Caleta



Barcas



Oteando el océano



Esta otra es la cueva del Parque Genovés, me dio por pensar cuando paseaba por allí de niña, y me gustó lo que recordé y lo que sentí.

Puertas hacia un mundo distinto



Y por último el resumen de todas mis sonrisas estos 15 días.

Uno de mis niños



Es sólo una pequeña muestra, tuve que elegir entre las 119 fotos que saqué, miedo me doy con una cámara en la mano. Pero es que me apetecía compartir un trocito de mis vacaciones, así que disfrutad de este retalito de mi vida igual que lo hice yo...


lunes, agosto 02, 2004

Escondida

Algunos días antes de abrir los ojos, sé lo que va a ocurrir. Días en los que mi mirada pierde parte de su fuerza, tal vez eclipsada por la noche; noche nutrida de sueños y sueños nutridos de lágrimas.

Esos días, me refugio de mí misma dentro de una caja, fabricada con mi autocompasión y tristeza, donde casi nadie puede alcanzar a distinguir mis ojos entre la nube de dolor que los recubre. Intento acercarme al lugar en el que me hago fuerte, esquivando las caricias de las personas que tienen la capacidad de hacerme daño; resguardarme de las miradas que me desarman y dejan sumida, enterrada, aniquilada entre las dudas y el miedo.

domingo, agosto 01, 2004

He vuelto

Por fin de vuelta de mis vacaciones.

Las he aprovechado, aunque parezca mentira, sé que he ido menos a la playa de lo que hubiera querido, y que no han sido las mas apasionantes de mi vida... pero he estado con mi sobrino las 24 horas del día y eso nunca había ocurrido.

Puede ser un monstruito cuando se le antoja hacer la vida imposible, pero sabe como conseguir que le disculpes con uno de sus abracitos.

Tenía muchas ganas de volver también, retomar mi vida y encontrarme con algunas de las personas que más significan para mí. Terminaron las vacaciones pero... me siento bien!

Gracias por vuestros mensajes os he echado de menos :)

Qué escribo?

No sé muy bien aquello que quiero escribir en estos renglones, estaba jugando a un extraño solitario chino y escuchando carnaval de fondo, cuando he sentido ganas de escribir algo... pero el qué? Yo me lo pregunto también, insistentemente mientras dejo que mis dedos correteen por el teclado dando la explicación a mi repentina adicción a derramar palabras.
No encuentro motivo, ni tema, ni inspiración a la que aferrarme para ser por unos segundos la Marisa dramática y desgarrada a la hora de escribir, que era hace un tiempo.
Vertía palabras tristes porque sabía que me resultaba tremendamente sencillo conmover a la gente, a través del dolor escupido a la cara, de las palabras manchadas... sí. Será eso, que ahora no me apetece recubrir de sangre el mármol en el que descansan las manos cansadas, ni las piedras que rodean los muros de la soledad ajena y mucho menos de la mía propia. Tampoco quiero la frialdad del metal abriendo heridas en el pecho de la gente, ni la desesperación de la huida mucho más poética que las ganas de sonreír, pero hoy por hoy tremendamente alejada de lo que soy.

31 de Julio de 2004


Peces de colores

Ahora mismo me siento como uno de esos peces de colores que compras en cualquier tienda de animales; esos que se ven atrapados por una red (normalmente de color verde tal vez una especie de sarcasmo eso de otorgarle el color de la esperanza a una red), y que boquean durante tres o cuatro milésimas de segundo mientras el dependiente los mete en una bolsa de plástico llena de agua. Y alguien con la cartera preparada en la mano, la aprieta, sabiendo que en pocos segundos esa bolsa con vida encerrada en su interior será suya, es más ... esa pequeña vida que esta prisionera le pertenece, y por un momento se siente grande porque para ese pez es un dios y todo su mundo depende de él. Si quiere se convertirá en un cómplice que lo mirará todas las noches al llegar del trabajo con una sonrisa en los labios, o quizás lo regale a un niño que se divertirá estampando juguetes en el delicado cristal que lo separa del pez, o simplemente podrá tirarlo al retrete en cuanto llegue a su casa, ¿por qué no? ese pez nació sin libertad en una pecera con un precio marcado en su esquina superior. Es suyo y de él depende su vida. Da igual si el pez muere al tercer día de vivir en una bola de cristal de 25 cm, lo importante es que ese pez nunca será libre. No nació libre, y morirá sin saber lo que es libre. ¿Y a quién le importa la libertad de un pez? A ver, os entiendo, llevo escribiendo un rato sobre un maldito pez y ni siquiera me gustan los anímales, es más no sé la razón por la que he terminado hablando sobre él ni haciendo un alegato sobre los derechos básicos de un pobre y colorido animalito de pecera.
No os asustéis, no tengo pensado hacer una pancarta ni pintarme en la frente el lema de Green Peace. Lo que quiero decir, es que a veces mire a donde mire, solo veo un pequeño trozo de cristal, que delimita mi mundo. Y choco contra las paredes de mi cárcel-vida... y cuando miro más allá del vidrio veo a personas que aprietan sus manos secas fuera de esta pecera, mirándome como si yo sólo fuera un pez de colores. ¡Que alguien me diga de una maldita vez que no soy un pez de colores o acabaré volviéndome aún más loca de lo que estoy!.
Me acabo de mirar al espejo y no soy un pez. Algo que me quita cierto peso de encima, porque detesto los peces (extraña mi elección para esta comparación cuando ni siquiera me despiertan ternura). Sé que no estoy encerrada en una pecera, aunque me gustaría tener ese baúl que suelta burbujitas para esconderme en él durante al menos un instante de mi vida, debe ser muy relajante... creo, aunque nunca se lo pregunte a los peces de mi hermana.
Vayamos por partes, al parecer no soy un pez, y soy libre (lo libre que puedo ser en una sociedad demasiado preorganizada)... y sé que hace mucho calor y que divago. También sé que mis vacaciones se esfuman, como las falsas burbujas se escapan del dichoso baúl, las pompitas que me regalaban felicidad; y que las personas que miraban desde fuera se asustaron de mí, cuando pegando mi boca al cristal les dije que aunque me atrapasen en una red verde jamás les pertenecería.
Y también sé que la próxima vez que pase por delante de una tienda de animales, me acercaré a uno de esos peces de colores y brindaré con él, por sus burbujas y por mi libertad.

29 de Julio de 2004