martes, mayo 08, 2007

Retrospectiva

Hoy me cruce con las miradas que ayer se escaparon de mis ojos.

¿Cómo puede uno hacer tanto el ridículo y no darse cuenta de ello? Hoy pensé en lo que pensaba aquellos días, en las manos tendidas a una lluvia que no mojaba, a un sol que no calentaba, a un murmullo que me pasaba de largo inclinándose ante el resto de personas.

El corazón no pesa verdad? Y pesaba. A lo mejor no quería darme cuenta de la inclinación de la balanza y de los ojos cansados. Un hierro absurdo que descompensaba como un yunque lo que debía ser equilibrado y mágico.

Un hierro frustrante y oxidado que asumía mi vida como si fuera un poco más de porquería pegada a ella. No bastaba yo, supongo. No bastan las ganas de soñar para soñar. Ni las mentiras para llenar un corazón que no tiene ganas de latir. Para pasear de la mano hacen falta más que un par de manos distintas, hace falta algo que no se rellena con voluntad y cariño. O eso creo. El resto es sólo piel martilleando otra piel. Es … sólo piel.

Y el alma? Dónde la enclaustramos aquellos días?

miércoles, mayo 02, 2007

Vuelves

Ahora no, espera a que la lluvia amaine. No ves que el suelo se ha embarrado y no puedes jugar, que te vas a mojar y manchar los zapatos y luego tu madre te va a regañar. Déjalo pa dentro de un rato, ¿quieres que te cuente algo y te haga hojuelas? Yo no sé de muchas cosas de esas que tú lees en los libros, pero habrá algo que puedan enseñar las canas a los que los escriben, no? Cosas como las que oía a los campesinos que trabajaban las tierras cuando venían a comer, y yo les servía. Puedo contarte lo que nunca quiero que veas y yo vi en la guerra o decirte lo bonito que huele el campo después de segarlo. O tal vez prefieras que te diga lo guapa que iba tu madre cuando tu abuelo la llevaba a pasear. Si quieres puedo contarte que dijo tu padre cuando tu madre no se atrevió a decirle que nacerías, o lo que decían sus ojos cuando te cogió en brazos por primera vez.




Y otra noche que vuelves a mis sueños.

viernes, abril 27, 2007

Quicio

Todas las puertas cerradas. Y los postigos sellados para no caer en la torpeza de abrir alguno a medianoche y que nos usurpe el alma o al menos nos la tome prestada un rato.

Todas las puertas cerradas. Y los pestillos arropando el mar de calma de esta estancia, que no decae el mal por el paso del tiempo, ni la gente que vende humo a los incautos.

Todas las puertas cerradas. Y los perros sueltos ladrando a la luna, o al brillo de los charcos en las miradas, que la piel se araña con hojas de cuchillo afilado y con palabras a destiempo.

Todas las puertas cerradas. Y el quicio de la puerta que me ampara besando la madera que alguna vez nos vio reir.

miércoles, abril 25, 2007

Cuenco

A veces creo que todo lo que intento abarcar entre mis dedos es demasiado grande para mis manos. Y siempre esta a punto de derramarse sin ningún tipo de barrera que lo impida, sin embargo en un último esfuerzo consigo hacer un cuenco con ellas y lograr beberme el agua que sobra.

Tengo miedo de no ser capaz de beber lo suficientemente rápido como para no mojar mis zapatos.

viernes, abril 20, 2007

Añoranza

Un miedo seco y frio. Autónomo e independiente. Un miedo ácido y corrosivo.

Espalda atada a esta verja que nos abre las puertas del dormitorio. Y manos temblorosas, anudando láminas de hierro a nuestro tiempo, al espacio que nos rodea, al animal que nos araña la vida bajo la piel. No entiendes nada, ni falta que hace.

Sin nombres, sin destinatario, sin salida.

El papel que prende en llamas cada vez que intento escribir. Y la sal de lecho en estas palabras que no son versos ni poesia. Tormentas de ausencia porque no estarás y yo que soy cuando no estás? Soy menos de lo que alguna vez me creí, soy un trozo de piel que siente cuando tú lo rozas y se asfixia cuando te vas.

Quédate en mis labios.

lunes, abril 16, 2007

Real

Ultimamente no me encuentro muy bien.

Tal vez por eso siento que rozo lo peor de mi caracter, de mi personalidad... en cada paso que doy. Y que la piel me pesa, y los ojos se caen, y las manos se enredan, y mis labios se enfadan y albergan palabras que no quieren decir y el tedio y la desesperación colocan entre mis dientes.

Ultimamente me duele la piel, y la vida. Me siento debil y dependiente. Cargada de sueño y sin aire suficiente en los pulmones.

Sé que es cuestión de tiempo y paciencia, el dolor dará paso a mi vida normal y las pastillas dejarán de anestesiarme la vida.

Tengo ganas de vivir de nuevo.

martes, abril 10, 2007

Colcha

No te preocupes por las palabras que dejaste colgadas de la ducha, ni de lo azul del cielo aquel día, ni de la lluvia que nos ahogaba entre los cadáveres casi desconocidos de la gente. Tal vez amanecí esta noche demasiado rápido y creí creer que era de día pese a que aun crepitan las lámparas, en el silencio sordo de la calle. Y mis pasos se adivinan bajo la colcha arañando el espacio que me acoge.

Tengo tanto que decir y tantas palabras astillándome la garganta, pidiéndome la paz otorgada de un disparo certero, la solución al acertijo, el adiós y el descanso, como el calor de las heridas que se curan, y las sonrisas sin condescendencia ni ironía.

No te preocupes de las palabras que dejaste colgadas en la ducha, ha llovido mucho desde que se secaron.