Todo es muy raro.
No sé porque debo comportarme como una mujer adulta, madura y fuerte. No entiendo las razones que tendrían que impulsarme a ser consecuente y coherente. Tarda mucho en pasar por aquí la suerte. Mucho.
A veces tengo ganas de correr y no parar nunca. A veces sólo quiero acurrucarme en una esquina y dejarme llorar como lo necesito. No me seques las lágrimas.
No necesito pañuelo esta mañana. No quiero saber que todo va a cambiar, que me esperan trenes en cada esquina, y que volaré tan alto como quiera si lo intento.
Quiero autocompadecerme diez minutos al menos. Quejarme. Patalear. Ser infantil… más de lo normal.
Jugar con la madurez que todos estos años he creído poseer, y guardarla en algún cajón hasta el día en que merezca prenderla en mi pecho.
No obstante sé que saldré de aquí. Lo sé.